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La Meditación
Si examinamos
nuestra vida, nos daremos cuenta de que empleamos casi todo nuestro
tiempo y energía en alcanzar objetivos mundanos, como seguridad
material y emocional.
Esta clase de
logros nos hacen felices durante un tiempo, pero no nos proporcionan la
satisfación plena y duradera que tanto deseamos.
Tarde o temprano
nuestra felicidad se transforma en insatisfacción y buscaremos
otros placeres mundanos, que al estimular el apego, los celos, las
frustraciones y otras perturbaciones mentales, producirán de
forma directa o indirecta nuevos sufrimientos físicos y
mentales. Además, al esforzarnos por satisfacer nuestros deseos,
a menudo se deterioran nuestras relaciones con los demás.
La
práctica frecuente de la meditación nos ayuda a
comprender que la felicidad es un estado mental y por lo tanto su
origen está en nuestra propia mente y no en objetos externos.
Nos ayuda a
cultivar estados mentales que nos proporcionan felicidad y tranquilidad
hasta en las circunstancias más adversas.
El
adiestramiento en la meditación acerca nuestra mente a la
sabiduría, por lo tanto de manera natural haremos acciones
virtuosas que no solo nos beneficiarán a nosotros mismos, sino
también a quienes nos rodean; de esta forma con la
sabiduría que se obtiene de la meditación nos
abstendremos de cometer acciones perjudiciales y así evitaremos
todos nuestros problemas y sufrimientos.
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